Otros instrumentos

Otros instrumentos

(que no integran usualmente la Orquesta Sinfónica)

El acordeón consiste en un par de fuelles de mano, con teclado en uno de los lados o en ambos. El número de teclas varía con las dimensiones del acordeón. En general, la mano derecha toca el teclado, mientras la izquierda acciona los fuelles. Cada tecla emite dos sonidos, uno cuando el instrumento se estira y otro cuando se comprime. El acordeón desempeña un papel importante en la ejecución de música folklórica de muchos de los pueblos de Europa y América. Similar a este instrumento es el bandoneón: tiene 81 teclas para ambas manos, y están reforzados los bajos de la mano izquierda, lo que lo hace apto para ejecutar melodías graves y para acompañamientos. Por su mayor tamaño y forma más cuadrangular, tiene timbre distinto del acordeón.

La gaita consiste en una bolsa de cuero provista de tubos con lengüetas. El aire lo proporcionan los pulmones del ejecutante, ya sea directamente ó a través de la bolsa, la cual lleva debajo del brazo. Este instrumento, con variantes, se toca en diversos países de Europa, desde Escocia hasta Galicia. Tiene un alcance de nueve notas que no forman una escala. El hecho de que resulte imposible tocar la escala en la gaita explica el carácter extraño de la música que se asocia con ella.

El banjo es un instrumento de cuerdas que quizá provenga del África. El cuerpo es de pergamino estirado sobre un aro y no tiene dorso. El cuello es largo y no está dividido en trastes. (Los trastes son unos travesanos de madera, metal o marfil, que cruzan el mástil de los instrumentos. Sirven para guiar al ejecutante cuando aplasta con los dedos de la mano izquierda las cuerdas del instru­mento para variar el tono como en el violín). El banjo se toca pulsando las cuerdas con los dedos. El número de cuerdas y la afinación varían.

El clavicordio es un instrumento que ya está en desuso, pero su nombre sigue siendo familiar a los aficionados a la música, a través de las obras de Juan Sebastián Bach. Fue el primero de los instrumentos hechos con un teclado de piano y cuerdas y el primero en que se golpearon las cuerdas, en vez de pulsarlas, como en el clavicémbalo. El mecanismo consiste en pequeñas piezas verticales de latón, que golpean las cuerdas desde abajo, produciendo un sonido dulce y débil y el cual puede ser aumentado o disminuido por el ejecutante.

El clavicordio, que parecía un piano de mesa, estuvo muy difundido en Alemania hasta comienzos del siglo XIX. Mozart escribió La flauta mágica usando un clavicordio que está ahora en el Museo de Salzburgo. El ejemplar más antiguo que se conoce lleva la fecha de 1537.

La guitarra es un instrumento de cuerdas de origen oriental y se toca haciendo vibrar las cuerdas con los dedos. Se diferencia de la mandolina en que tiene la parte posterior roma y los flancos curvos, con una forma semejante a la del violín. La guitarra española tiene seis cuerdas, tres de tripa y tres de seda recubierta de alambre; el mástil tiene trastes.

La música para guitarra se escribe en una octava más alta que aquella en que sé toca. A veces, estos instrumentos tienen incrustaciones de carey, de maderas finas o de nácar y la abertura circular de la caja armónica ostenta a menudo delicados trabajos de esa clase.

Tanto Berlioz como Paganini tocaban la guitarra, y un gran guitarrista español es Andrés Segovia, de prestigio mundial. Boccherini escribió un quinteto con una parte para guitarra; Verdi hizo algo análogo en Falstaff.

El clavicémbalo fue el piano de los siglos XVI, XVII y XVIII, y se usó, como se emplea hoy el piano, como acompañamiento de la voz y de los demás instrumentos y para tocar solo. Parecía un piano de cola y tenía un teclado de cinco octavas o cinco octavas y media; pero su tono, aunque dulce, era débil y se parecía al del arpa. Las cuerdas del clavicémbalo no se golpeaban con macillos, cono en el piano, sino que se pulsaban con plectros o púas de cuero duro o de pluma de ganso, manejadas por teclas. No había manera de aumentar el volumen del sonido, y los bajos eran especialmente débiles. Pero podían emitirse distintas clases de tonos teniendo dos o tres juegos de plectros de diferentes materiales y estando unido cada juego a un teclado distinto.

El laúd, un instrumento de la Edad Media, fue introducido en Europa por los árabes, y en los siglos XVI y XVII fue tan corriente como es’ hoy el piano. Es un instrumento de cuerdas, con caja armónica cóncava en forma de pera y un mástil de moderada longitud, dividido por trastes de tripa o de alambre en una escala medida. A menudo, era un objeto hermoso, pintado artísticamente y con incrustaciones de maderas duras o de nácar. Tanto Händel como Bach escribieron para laúd, y el segundo hizo figurar este instrumento en La Pasión según San Juan. El uso del laúd declinó cuando cobró popularidad la familia del violín.

La mandolina es un instrumento de cuerdas de la familia del laúd, del cual deriva, pero tiene el lomo más profundo y redondeado. La que se usa más comúnmente es la mandolina napolitana, que tiene cuatro cuerdas afinadas en quintas. Se toca con un plectro de barba de ballena o de carey, que se sujeta con la mano derecha, mientras que las cuerdas se oprimen con la izquierda. La serenata del Don Juan de Mozart está escrita para mandolina. Hoy, se fabrican en Roma mandolinas de poderoso tono y cuya dulzura de voz se acerca a la del violín.

El órgano tiene una larga historia, que se remonta a los tiempos más remotos, cuando la gente descubrió que un tubo podía emitir un sonido musical cuando se soplaba en él. Hoy, es un instrumento de teclado; más propio sería decir “de teclados”, ya que a veces tiene cinco. Numerosos tubos de todos los tamaños, dotados de embocaduras flautadas, son provistos de aire comprimido, mediante un motor eléctrico o algún otro artificio mecánico.

Los órganos de los teatros y, sobre todo, los de las iglesias, son los instrumentos más grandes, costosos y complicados y pueden reproducir, a su manera, todos los sonidos emitidos por los instrumentos de una orquesta completa.

En las iglesias, los órganos han proporcionado música sacra durante siglos. Se dice que Pepino, el padre de Carlomagno, fue el primero en pensar que el órgano podía elevar los espíritus de los hombres y ayudarlos a desarrollar sentimientos religiosos.

En el gran órgano moderno, cada teclado está unido a una o varias series de tubos dispuestos en una escala y con la misma cualidad de sonido. Esos grupos de tubos se llaman “registros”, y un ingenioso sistema de conexiones permite tocar cualquier combinación de registros que se desee. Los grandes órganos modernos constan en realidad de cinco órganos, llamados: gran órga­no, órgano de expresión, órgano de coro, órgano de eco o celestial y órgano de pedal, que se toca con los pies; pero como un solo ejecutante toca todos los teclados, se considera al órgano como un instrumento único.

El piano es un invento italiano y su nombre nació de la palabra pianoforte, formada por dos vocablos italianos que significan “suave” y “fuerte”. Resulta fácil comprender este nombre si se recuerda que a los sonidos de un clavicémbalo no se les puede aumentar el volumen y que el clavicordio, aunque más expresivo, era todavía un instrumento débil. Se dice que los clavicordios nacieron del principio del salterio, un instrumento de cuerdas que se tocaba con macillos sujetos en las manos.

A mucha gente se le debió de ocurrir, poco más o menos al mismo tiempo que el clavicordio podía perfeccionarse, pero el primero que realmente hizo un pianoforte fue un italiano llamado Cristofori, de Florencia.

Los pianos se han hecho en tres formas: el vertical, el de cola y el de mesa. Los pianos verticales se hicieron por primera vez a comienzos del siglo XIX. Ocupan menos espacio que los de cola, pero su tono es generalmente inferior. Desde que se inventaron estos instrumentos, han sido mejorados sin cesar, hasta llegar a la perfección del piano de concierto moderno.

Las cuerdas de un piano son de alambre muy estirado. Para soportar esa tensión, el bastidor debe ser de hierro. El sonido musical lo producen una especie de martillos llamados macillos, forrados de fieltro, que golpean las cuerdas cuando se oprimen las teclas. Las teclas de las notas naturales son de marfil, y las de los sostenidos de ébano. El teclado, por lo general, tiene ocho octavas o algo menos, aunque sólo hacen falta seis octavas y un cuarto para tocar la mayoría de las piezas para piano.

El piano favorito de Mozart existe aún y se puede ver en el Museo Mozart de Salzburgo. Es de cola, con notas naturales negras y teclado de cinco octavas. Para el piano se ha escrito mucha música hermosa, pues este instrumento proporciona a un tiempo melodía y armonía. Es útil para el acompañamiento y es el instrumento musical que más a menudo se encuentra en los hoga­res. Existe gran número de conciertos admirables para piano y orquesta.

La flauta de pico, es un antiguo instrumento semejante a la flauta y fue popular durante siglos, pero que está en desuso desde los tiempos de Bach y Händel. Parece haberse originado en Ingla­terra. En estos últimos tiempos ha logrado cierta boga, sobre todo para tocar la música de los siglos XVI y XVII. Tiene usualmente un ánima cónica, con ocho agujeros de un lado; éstos se tapan con los dedos para variar el tono. Se sopla por la boquilla que tiene en el extremo, como un silbato; pero, a veces, en los más grandes, la boquilla está en el extremo de un tubo de metal que, para mayor comodidad en la ejecución, se dobla un poco sobre el costado del instrumento.

Los diversos tamaños —el sobreagudo, el contralto, el tenor y el bajo— pueden ser usados para los tríos y cuartetos. Es fácil apren­der la flauta de pico y divertido tocarla. La música escrita para ella es sumamente hermosa.

Los saxofones forman una familia de siete instrumentos de latón. Fueron inventados por Adolfo Sax, un belga que instaló un taller en París y proveyó a las bandas militares francesas. Consisten en un tubo cónico de metal, curvado hacia afuera en su parte inferior o del pabellón y hacia dentro en la superior, donde va la boquilla. Tiene varias aberturas provistas de llaves. Todas ellas están vueltas hacia arriba en el extremo, salvo en los sopranos de la familia, que rara vez se usan.

Los saxófonos se clasifican entre las “maderas”, porque la boquilla está provista de una lengüeta semejante a la del clarinete, a cuyo instrumento se parece un poco en tono el saxofón tenor. Berlioz habló con entusiasmo de éste cuando apareció, y Debussy, Bizet y Ricardo Strauss tienen partes para saxofón en varias de sus obras, aunque éste nunca ha disfrutado de mucha popularidad en la orquesta. Ha hallado sitio en las bandas militares y, especialmente, en las orquestas de jazz.

La espineta es un instrumento de teclado que ya está en desuso, pero desde el siglo xvi hasta el xvm fue muy popular como ins­trumento del hogar, y a las señoritas se les enseñaba a tocarlo. Estaba construido sobre los principios del clavicémbalo, al que se parece en la forma, aunque la espineta era más pequeña. En Inglaterra se le dio el nombre de “virginal”.

El ukelele es una guitarra originaria de Hawai. Figura en muchas orquestas de baile. Se trata, en realidad, de una especie de guitarra portuguesa y es un pequeño instrumento de cuatro cuerdas. Un ejecutante puede dominar en poco tiempo el ukelele para acompañar canciones populares, pero como instrumento solista exige mucha maestría.

La cítara consiste en una caja de resonancia lisa, de forma trapezoidal, provista de muchas cuerdas. Por lo general, hay cinco para la melodía y de veintisiete a cuarenta para el acompaña­miento. El instrumento se pone habitualmente sobre una mesa y el ejecutante, al puntear las cuerdas, usa a modo de plectro una especie de anillo abierto, que se coloca en el dedo pulgar. La cítara, que es un acompañamiento muy agradable para la voz, goza de popularidad en Austria y Baviera.

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